Cómo estudiar el EIR con este calor y no morir en el intento

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La AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) avisa de que las altas temperaturas que ha provocado la ola de calor esta semana, con zonas que han alcanzado los 40ºC, caerán el próximo lunes 1 de julio. Con una semana inusual para ser el mes de junio, nos preguntamos

¿Cómo hacemos para estudiar el EIR? 

Como especialistas de la salud, ya conocéis los efectos de una ola de calor en el organismo. Pero, ¿sabemos los efectos del calor intenso y mantenido sobre las capacidades cognitivas superiores? ¿conocemos los perjuicios en nuestra actitud o en nuestra motivación para continuar estudiando, cuando el calor nos limita?

Primeramente, habría que definir que implica “calor intenso”. La OMS considera que la temperatura óptima para el organismo se encuentra entre los 18 y 24 º C, que es cuando el cuerpo se mantiene a 36º-37ºC. Por tanto, cualquier nivel por encima de estos valores aumentan el riesgo para la salud, principalmente porque nuestro encéfalo envía mensajes a través de las motoneuronas para que el sistema locomotor trabaje menos. Esto se manifiesta directamente en una sensación clara de fatiga.

Es difícil evaluar los efectos de un entorno muy caluroso sobre el desempeño mental o intelectual, pero es evidente que las funciones cerebrales son vulnerables al calor.

En cualquier caso, en la medida en la que no haya sensación de confort térmico mientras estudiamos, se afecta directamente el mantenimiento de la atención sobre la lectura e influye en el estado de vigilia.

También es verdad que el umbral de tolerancia a temperaturas ambientales altas tiene cierto componente personal, relacionándose con los hábitos de trabajo en temperaturas extremas y por supuesto con la motivación.

La evidencia científica desprende resultados relacionados con deficiencias en la funcionalidad de la persona, pero la temperatura del ambiente de trabajo (salvo en condiciones extremas y exigencias muy altas en la tarea) no puede explicar por sí sola los efectos negativos que se presentan en el rendimiento de la persona.

Ahora bien, todo esto puede ser interesante, pero, ¿cómo lo evito? ¿cómo prevengo ese “aplanamiento” contra el que luchar para estudiar en verano?

Pues bien, parece de sentido común la norma número uno para prevenir la temida fatiga estival cuando queremos seguir estudiando al máximo: Hay que asegurar una temperatura óptima del lugar de estudio.

Esto sería fácil de remediar con un buen equipo de aire acondicionado, pero en el caso de carecer de dicho dispositivo, el ventilador puede conseguir el objetivo de evitar la entrada de aire caliente en el lugar de estudio, dirigiéndolo hacia las ventanas. Además, puede ser efectivo colocar un recipiente con hielo frente a las aspas del ventilador para generar mayor frescor.

A parte, no hay que dudar en darse las duchas que sean necesarias para mantener el frescor corporal. De esta manera, los descansos que realicemos pueden incluir una ducha rápida con agua tibia (nunca con agua fría).

Por supuesto, evita antes del estudio las comidas calientes, ya que requieren de aumento del gasto energético para digerirlas. Te animo a que si eres de las opositoras que picotean cuando estudian, lo hagas con gazpacho, ensalada o yogur.

Raúl Lozano Alonso. Enfermero Especialista en

Salud Mental y Preparador de Oposiciones.

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