La enfermería y el movimiento antivacunas

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Actualmente, la vacunación es un tema candente en la sociedad. Existen multitud de evidencias científicas sobre las que los profesionales de la salud, entre ellos la enfermería, basamos nuestras recomendaciones y actuaciones en relación al acto vacunal. Sin embargo, todavía quedan corrientes antivacunas que, con argumentos sin ninguna base científica, pretender arrastrar a la población a no vacunarse, con todos los riesgos individuales y comunitarios que esto supone.

¿Cómo podemos combatir este problema social desde nuestra profesión enfermera?

En primer lugar, tenemos la responsabilidad de estar en un proceso de continua formación y actualización sanitaria, tanto a nivel teórico como clínico. Acudir frecuentemente a fuentes y artículos con un alto grado de recomendación o evidencia científica, así como participar en cursos y jornadas nos permitirán tener una respuesta actual y eficaz ante posibles pacientes antivacunas.

Por otra parte, es necesario conocer cuáles son los argumentos y razones principales que podemos encontrarnos en una consulta de enfermería con unos padres que se encuentran dudosos ante la administración de vacunas a sus hijos. Algunos de los argumentos que se pueden dar (y rebatir) son los siguientes:

  • «Las vacunas contienen altas cantidades de mercurio y aluminio que son perjudiciales para el desarrollo del cerebro». Ciertas vacunas necesitan adyuvantes para poder aumentar la respuesta inmune en el cuerpo receptor. Algunos de estos adyuvantes son las sales de aluminio o el Timerosal (una sal que contiene etilmercurio). Todos los días entra en nuestro organismo (mediante la respiración, la bebida o la ingesta) alrededor de 40-50 mg de aluminio. La dosis reglamentaria máxima de aluminio permitida en una vacuna es de 0.85 mg. Por otra parte, no existen estudios consistentes que hayan demostrado la relación perjudicial entre la ingesta de mercurio y el desarrollo neurológico en los niños.
  • «Las vacunas pueden provocar autismo«. Actualmente, no hay evidencia científica alguna que haya correlacionado la administración de las vacunas con el desarrollo del autismo.
  • «Las vacunas pueden sobrecargar el sistema inmunitario del niño». Nuestro sistema inmuntario, desde que nacemos, está más que preparado para defenderse ante cualquier agresión externa. Cada día se enfrenta a muchos más antígenos desconocidos que los que se encuentran en una vacuna. Además, las bacterias y virus que contienen las vacunas se encuentran inactivas.

Con respuestas elaboradas como estas, podremos exponerlas con claridad y sencillez a nuestros pacientes y así resolver todas sus dudas.

María Jaráiz

Preparadora de examen EIR – Enfermera especialista en Pediatría